domingo, 9 de septiembre de 2012
Prácticas Abiertas y Gratuitas de SNR en LIma
MIRAFLORES:
Colegio SIEMPRE AMANECER : Coronel Inclán 759 - Miraflores (altura de Plaza Vea, 46 de la Av. Arequipa)
miércoles 12 de setiembre, 7:30 p.m.
martes 25 de setiembre, 7:30 p.m.
CHACARILLA:
Pilpintuy: Monte Carmelo 487 - dpto 501 , sexto piso - Chacarilla, Surco (espalda cdra. 13 Av. Velasco Astete)
martes 18 de setoembre, 7:30 p.m.
martes 25 de setiembre, 7:30 p.m.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Tres Expermentos III
Aunque el efecto de la emoción humana en la salud de nuestro cuerpo y en nuestro sistema inmunológico ha sido aceptado en las tradiciones espirituales del mundo, raramente ha sido documentado de una forma que sea útil para la persona promedio.
En 1991, se formó una organización llamada el Institute of HeartMath con el propósito específico de explorar el poder que tienen los sentimientos humanos sobre el cuerpo, y el papel que esas emociones representan en nuestro mundo. Específicamente, HeartMath decidió enfocar sus investigaciones en el lugar de nuestros cuerpos, en donde parecen originarse nuestras emociones y sentimientos: el corazón humano. El innovador trabajo de estos investigadores ha sido extensivamente publicado en periódicos de prestigio y citado en ensayos científicos.
Uno de los descubrimientos más significativos reportados por HeartMath es la documentación del campo de energía en forma de círculo, que rodea el corazón y se extiende más allá del cuerpo. Este campo de energía electromagnética existe en una configuración llamada toms y tiene un diámetro de entre 1.52 y 2.50 metros (ver la Figura 2). Aunque el campo del corazón no es el aura del cuerpo, o el prona descrito en las antiguas tradiciones sánscritas, puede muy bien ser una expresión de la energía que comienza en esta área.
Sabiendo que este campo existe, los investigadores de HeartMath se preguntaron si podía haber otro tipo de energía, que todavía no hubiese sido descubierta, que conllevara en su interior este campo conocido. Para poner a prueba su teoría, los investigadores decidieron probar los efectos de las emociones humanas en el ADN, la esencia de la vida misma.
Los experimentos fueron conducidos entre 1992 y 1995, y comenzaron por aislar el ADN humano en un vaso de precipitados en cristal y, luego, exponerlo a una poderosa forma de sentimientos conocida como emoción coherente. De acuerdo con Glen Rein y Rollin McCraty, los principales científicos, este estado fisiológico puede ser creado intencionalmente "usando técnicas de autogestión mental y emocional especialmente diseñadas, las cuales involucran: aquietar la mente voluntariamente, tornar la atención hacia el área del corazón y enfocarse en emociones positivas." Realizaron una serie de pruebas que involucraban hasta cinco personas entrenadas en la aplicación de la emoción coherente.
Usando técnicas especiales que analizan el ADN de forma química y visual, los investigadores podían detectar cualquier cambio que ocurriera.
Los resultados eran innegables y las implicaciones eran inequívocas. El punto fundamental: ¡la emoción humana cambiaba la forma del ADN! Sin tocarlo físicamente o hacer nada distinto a crear sentimientos precisos en sus cuerpos, los participantes fueron capaces de influir sobre las moléculas de ADN contenidas en el vaso de precipitados.
En el primer experimento, que involucraba solamente una persona, los efectos fueron producidos por una combinación de "intención directa, amor incondicional y representaciones visuales específicas de la molécula del ADN." En palabras de uno de los investigadores: "Estos experimentos revelan que intenciones distintas producen efectos distintos en la molécula del ADN, haciendo que se enrolle o se desenrolle." Claramente, las implicaciones van más allá de lo que teoría científica tradicional hubiera permitido hasta ahora.
Hemos sido condicionados a creer que el estado del ADN en nuestro cuerpo es un hecho determinado. Los conceptos contemporáneos sugieren que es una cantidad fija, cuando nacemos "recibimos lo que nos toca recibir", y con la excepción de drogas, químicos y campos eléctricos, nuestro ADN no cambia como respuesta a nada que podamos hacer en nuestras vidas. Pero este experimento nos demuestra que nada puede estar más lejos de la verdad.
Extracto de La Matriz Divina.
Gregg Braden.
http://www.trabajadoresdelaluz.com.ar/nota_seleccionada.php?ndx=2652
Tres Experimentos II
Las investigaciones han demostrado, más allá de cualquier duda razonable, que la emoción humana tiene influencia directa en la forma en que nuestras células funcionan en nuestro cuerpo. Durante la década de los noventa, los científicos que trabajaban con el ejército de los Estados Unidos, investigaron si el poder de nuestros sentimientos seguía o no teniendo un efecto en las células vivas, específicamente el ADN, una vez que esas células dejaban de formar parte de nuestro cuerpo. En otras palabras, cuando se tomaban muestras de tejido, ¿seguía la emoción teniendo impacto positivo o negativo sobre ellas?
La sabiduría convencional asume que no. ¿Por qué deberíamos anticipar dicho descubrimiento? Refiérase de nuevo al experimento Michelson-Morley en 1887, los resultados en donde se creyó haber demostrado que no había nada "fuera" que conectara el mundo con todo lo demás. Siguiendo una línea tradicional de pensamiento, una vez que los tejidos, piel, órganos o huesos son retirados de una persona, cualquier conexión con esas partes del cuerpo no debería existir. Este experimento, sin embargo, nos demuestra que algo muy distinto está ocurriendo en realidad.
En un estudio descrito en 1993 en el periódico Advances, el ejército realizó experimentos para determinar precisamente si la conexión entre las emociones y el ADN perduraba después de una separación, y si así era, a qué distancia. Los investigadores comenzaron por recolectar una muestra de tejido y de ADN de la boca de un voluntario. Esta muestra fue aislada y llevada a otra habitación del mismo edificio, en donde comenzaron a investigar un fenómeno que la ciencia moderna dice que no debería existir. En una cámara especialmente diseñada, el ADN fue medido eléctricamente para ver si respondía a las emociones de la persona de la cual provenía: el donante que estaba en otra habitación como a cien metros de distancia.
En su habitación, el sujeto fue expuesto a una serie de imágenes de video. Diseñado para crear estados genuinos de emoción en su cuerpo, este material variaba entre documentales gráficos de guerras, imágenes eróticas y comedia. La idea era que el donante experimentara un espectro real de emociones en un breve periodo de tiempo.
Al hacerlo, en otra habitación, las repuestas de su ADN estaba siendo medidas.
Cuando el donante experimentó "picos" y "caídas" emocionales, sus células y el ADN demostraron una poderosa respuesta eléctrica exacto, en el mismo instante. A pesar de la distancia de más de cien metros que separaba al donante de las muestras, el ADN actuaba como si siguiera físicamente conectado a su cuerpo. La pregunta es: "¿por qué?"
Hay una nota al margen de este experimento que compartiré aquí. Durante los ataques del 11 de septiembre en el Pentágono y las Torres Gemelas, me encontraba en una gira literaria en Australia. Cuando regresé a Los Ángeles, me quedó claro de inmediato que estaba en un país distinto al que había dejado sólo diez días antes. Nadie viajaba, los aeropuertos y sus estacionamientos estaban vacíos. El mundo había cambiado tremendamente.
Tenía una conferencia programada en Los Ángeles poco después de mi regreso, y aunque parecía que muy pocas personas asistirían, los organizadores tomaron la decisión de seguir con el programa. Cuando comenzó la presentación, se hicieron realidad los temores de los productores: solamente un puñado de asistentes había llegado. Cuando los científicos y los autores comenzaron sus charlas, parecía que nos lo estuviéramos presentando los unos a los otros.
Acababa de terminar mi programa sobre la naturaleza interrelacionada de todas las cosas, así como el experimento del ejército que acabo de describir. Esa noche, durante la cena, otro presentador se acercó a mí, me agradeció por mi programa y me informó que había sido parte del estudio del cual yo había hablado. Para ser exacto, este hombre, el doctor Cleve Backster, había diseñado el experimento para el ejército como parte de un proyecto en curso. Su innovadora labor sobre la forma en que la intención humana afecta las plantas lo había llevado a los experimentos militares. Lo que el doctor Backster me dijo a continuación es la razón por la cual comparto ahora esta historia.
El ejército suspendió sus experimentos con el donante y su ADN mientras estuvieron en el mismo edifico, separados solamente por cientos de metros. Después de estos estudios iniciales, el doctor Backster describió cómo él y su equipo continuaron con sus investigaciones a distancias todavía mayores. En un punto, una distancia de 560 kilómetros separaba al donante de sus células.
Además, el tiempo entre la experiencia del donante y la respuesta de la célula fue calibrado con un reloj atómico localizado en Colorado. En cada experimento, el intervalo medido entre la emoción y la respuesta de la célula era cero: el efecto fue simultáneo. Los resultados eran iguales estuvieran las células en la misma habitación o separadas por cientos de kilómetros. Cuando el donante tuvo una experiencia emocional, el ADN reaccionó como si siguiera conectado con el cuerpo del donante de alguna manera.
Aunque esto al principio suena un poco espeluznante, considere lo siguiente: si existe un campo cuántico que enlaza todas las cosas, entonces todas las cosas deben estar y permanecer conectadas. Como lo dice de forma tan elocuente el doctor Jeffrey Thompson, colega de Cleve Backster, desde este punto de vista: "En realidad, no hay un lugar en donde el cuerpo termina y no hay lugar en donde comienza."
Resumen del segundo experimento: Las implicaciones de este experimento son vastas, y para algunos, sorprendentes. Si no podemos separar a las personas de las partes de sus cuerpos, ¿significa que cuando un órgano vivo es transplantado con éxito en otro ser humano, los dos individuos siguen conectados mutuamente de alguna manera?
En un día típico, la mayor parte de nosotros entra en contacto con docenas, y a veces cientos, de personas, y con frecuencia este contacto es físico. Cada vez que tocamos a otra persona, aun si es solamente estrechando su mano, un rastro del ADN del individuo permanece con nosotros en la forma de células de piel que él o ella han dejado tras de sí. Al mismo tiempo, un poco del nuestro se queda con la otra persona. ¿Significa esto que seguimos conectados con todas las personas que tocamos siempre y cuando siga vivo el ADN de las células que compartimos? Y si así es, ¿qué tan profunda es esa conexión con ellos? La respuesta a estas preguntas es afirmativa, parece que la conexión sí existe. No obstante, la calidad de la conexión parece estar determinada en cuanto a qué tan conscientes estemos de su existencia.
Todas estas posibilidades ilustran la magnitud de lo que este experimento nos está demostrando. Al mismo tiempo, sientan las bases para algo todavía más profundo. Si el donante está experimentando emociones en su propio cuerpo y el ADN está respondiendo a estas emociones, entonces algo debe estar viajando entre ellos que permite que la emoción del uno le llegue al otro, ¿no es cierto?
Quizá... o quizá no. Este experimento puede estar simplemente demostrándonos algo más: una poderosa, pero sencilla idea, que puede ser pasada por alto con facilidad: Quizá las emociones del donante no tienen que viajar en lo absoluto. Podría ser que no sea necesario que la energía viaje desde el donante hasta un lugar distante con el fin de que tenga efecto. Puede ser que las emociones de la persona ya estén en el ADN, y para el caso, en todas partes, desde el instante mismo en que fueron creadas. Menciono esto aquí para plantar la semilla de una fascinante posibilidad que exploraremos con toda la consideración que merece en el Capítulo 3.
A final de cuentas, la razón por la cual he decidido compartir este experimento es sencillamente la siguiente: para que el ADN y el donante tengan cualquier conexión en lo absoluto, debe haber algo que los enlace. El experimento sugiere cuatro cosas:
1. Existe una forma de energía previamente desconocida entre los tejidos vivos.
2. Las células y el ADN se comunican a lo largo de este campo de energía.
3. La emoción humana tiene una influencia directa sobre el ADN vivo.
4. La distancia parece no tener consecuencias respecto a este efecto.
Extracto de La Matriz Divina.
Gregg Braden.
http://www.trabajadoresdelaluz.com.ar/nota_seleccionada.php?ndx=2651
Tres Experimentos I
La historia verá el último siglo como un siglo de descubrimientos y revoluciones científicas.
Sin duda alguna, los adelantos claves que se han convertido en la base de disciplinas enteras, han ocurrido en el transcurso de los últimos cien años. Desde el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto en 1947, pasando por el modelo de ADN de doble hélice de Watson y Crick, hasta nuestra habilidad de miniaturizar la electrónica para microcomputadoras, el siglo XX no tuvo precedentes en función de avances científicos. Sin embargo, muchos de los descubrimientos ocurrieron de forma tan rápida, que nos dejaron tambaleantes. Aunque abrieron las puertas a nuevas posibilidades, no logramos responder a la pregunta: " ¿Qué significa esta nueva información en nuestras vidas??"
Así como el siglo XX fue un periodo de descubrimientos, podemos encontrar que el XXI es un periodo para encontrarle sentido a todo lo encontrado. Muchos de los científicos, maestros e investigadores tradicionales de hoy en día se han involucrado en este proceso. A pesar de que la existencia de un campo de energía universal se ha teorizado, visualizado, escrito e imaginado durante mucho tiempo, es sólo recientemente que los experimentos realizados han comprobado de una vez por todas que la Matriz existe.
Entre 1993 y 2000, una serie de experimentos sin precedentes demostró la existencia de un campo subyacente de energía que impregna el universo. Para el propósito de este libro, he escogido tres que ilustran claramente el tipo de estudios que están redefiniendo nuestra idea de la realidad. Enfatizo que estos son solamente experimentos representativos, ya que se han reportado otros, al parecer a diario, que ofrecen resultados similares.
Aunque los estudios por sí mismos son fascinantes, lo que realmente me interesa es el concepto tras cada una de las investigaciones. Cuando los científicos diseñan experimentos para determinar la relación entre el ADN humano y la materia física, podemos tener la seguridad de que está a punto de ocurrir un cambio radical en nuestros paradigmas.
Lo digo porque antes de que estos experimentos comprobaran que existía dicha relación, la creencia común era que todo en nuestro universo estaba separado.
Así como hemos escuchado a los científicos de la "vieja escuela" afirmar claramente que si uno no puede medir algo, ese algo no existe, en la misma línea, antes de la publicación de los siguientes experimentos, la creencia era que si dos "cosas" estaban físicamente separadas en el mundo, no tenían efecto mutuo ni conexión. Pero todo esto cambió en los últimos años del último siglo.
Fue durante este tiempo que el biólogo cuántico Vladimir Poponin informó sobre las investigaciones que estaban realizando él y sus colegas, incluyendo a Peter Gariaev, en la Academia Rusa de Ciencias. En un ensayo que apareció en los Estados Unidos en 1995, describieron una serie de experimentos que sugerían que el ADN humano afecta directamente al mundo físico, a través de lo que ellos creían era un nuevo campo de energía que los conectaba.8 Mi percepción es que el campo con el cual ellos trabajaron no era verdaderamente "nuevo" en todo el sentido de la palabra. Lo más probable es que siempre haya existido, pero jamás había sido reconocido porque está compuesto de una energía que nunca habíamos podido medir por carecer del equipo apropiado.
El doctor Poponin estaba visitando una institución estadounidense cuando esta serie de experimentos fue repetida y publicada. La magnitud de lo que nos dice el estudio llamado:
"El efecto del ADN fantasma," respecto a nuestro mundo, es quizá mejor resumido en las palabras del mismo Poponin. En la introducción de su informe, nos dice: "Creemos que este descubrimiento tiene un tremendo significado para la explicación y para un entendimiento más profundo de los mecanismos subyacentes en el fenómeno de la energía sutil, incluyendo muchos de los fenómenos observados de sanación alternativa." ¿Qué es entonces lo que Poponin realmente nos está diciendo? El primer experimento describe el efecto fantasma y lo que dice respecto a nuestra relación con el mundo, a nuestra relación mutua y a la relación con el universo distante... Todo es cuestión de nuestro ADN y nosotros.
PRIMER EXPERIMENTO
Poponin y Gariaev diseñaron su innovador experimento para probar la conducta del ADN en partículas de luz (fotones), la "materia" cuántica de la cual está compuesto nuestro mundo.
Primero, retiraron todo el aire de un tubo específicamente diseñado para esto, creando lo que se supone que fuera un vacío. Tradicionalmente, el término vacío implica que no hay nada en el interior del contenedor, pero incluso, después de sacar el aire, los científicos creían que había quedado algo adentro: fotones. Usando equipos diseñados con extrema precisión para detectar las partículas, los científicos midieron la localización de los fotones dentro del tubo.
Querían ver si las partículas de luz estaban esparcidas por todas partes, aferradas a las paredes del cristal, o quizá agrupadas en una pila el fondo del contenedor. Lo que encontraron al principio no los sorprendió: los fotones estaban distribuidos de una forma totalmente desordenada.
Es decir, las partículas estaban en todas partes dentro del contenedor, lo cual es, precisamente, lo que esperaban Poponin y su equipo.
En la siguiente parte del experimento, se colocaron muestras de ADN humano con los fotones dentro del tubo cerrado. En la presencia del ADN, las partículas de luz hicieron algo que nadie anticipaba: en vez del patrón esparcido que el equipo había visto antes, las partículas se ordenaron de forma distinta ante la presencia del material vivo. El ADN estaba claramente afectando a los fotones, como si los estuviera configurando en patrones uniformes a través de una fuerza invisible. Esto es importante, puesto que no existe nada en los principios de la física convencional que permita este efecto. Sin embargo, en este ambiente controlado, fue documen- tado y observado, que el ADN (la sustancia de la cual nos compone- mos) tiene un efecto directo sobre la ¡la materia cuántica de la cual se compone nuestro mundo!
La siguiente sorpresa ocurrió cuando el ADN fue extraído del contenedor. Los científicos suponían que las partículas de luz regresarían a su estado esparcido original en el interior del tubo. Según el experimento Michelson-Morley (descrito con anterioridad en este capítulo), nada en la literatura tradicional sugiere que podría ocurrir algo distinto a esto.
Pero, en su lugar, los científicos fueron testigos de un suceso muy distinto. Los fotones permanecieron ordenados, como si el ADN todavía estuviera en el tubo. En sus propias palabras, Poponin describió la conducta de la luz "sorpresiva y opuesta a la intuición." Después de verificar los instrumentos y los resultados, Poponin y sus colegas se enfrentaron con la tarea de encontrar una explicación para lo que acababan de descubrir. Después de retirar el ADN del tubo, ¿qué estaba afectando a las partículas de luz? ¿Había dejado el ADN algo tras de sí, una fuerza residual que persistía después de haber sido retirada la materia física? ¿O se trataba de un fenómeno aún más misterioso? ¿Seguían conectados el ADN y las partículas de luz en algún nivel o de alguna manera que no reconocemos, a pesar de que estaban separados físicamente y que ya no estaban en el mismo tubo?
En su resumen, Poponin escribió que él y su equipo estaban "forzados a aceptar la hipótesis funcional de que una nueva estructura de campo había sido estimulada." Puesto que el efecto parecía estar relacionado directamente ante la presencia del material vivo, el fenómeno fue denominado "el efecto del ADN fantasma." La estructura del nuevo campo de Poponin suena sorprendentemente similar a la "Matriz" que Max Planck identificó hace más de cincuenta años, así como a los efectos sugeridos en las antiguas tradiciones.
Resumen del primer experimento: Este experimento es importante por un número de razones. Quizá la más obvia es que nos demuestra claramente una relación entre el ADN y la energía de la cual está compuesto nuestro mundo. De las muchas conclusiones que podemos sacar de esta poderosa demostración, dos son indudables:
1. Existe un tipo de energía que no había sido reconocida con anterioridad.
2. La influencia de las células o ADN tiene trascendencia a través de esta forma de energía.
La evidencia generada bajo el rígido control de las condiciones del laboratorio (tal vez por primera vez), surge de la poderosa relación que las tradiciones antiguas han considerado sagrada por siglos. El ADN cambió la conducta de las partículas de luz, la esencia de nuestro mundo. Al igual que nuestras más apreciadas tradiciones y textos espirituales llevan diciéndonos por mucho tiempo, el experimento validó que tenemos un efecto directo sobre el mundo que nos rodea.
Más allá del optimismo ingenuo y de las teorías de la Nueva Era, este impacto es real. El efecto del ADN fantasma nos demuestra que con las condiciones correctas y con el equipo apropiado, esta relación puede ser documentada. (Veremos de nuevo este experimento más adelante en este libro.) Aunque de por sí es una demostración revolucionaria y gráfica de la conexión entre la vida y la materia, es en el contexto de los dos siguientes experimentos, que el efecto del ADN fantasma adquiere un significado aún mayor.
Extracto de La Matriz Divina.
Gregg Braden.
http://www.trabajadoresdelaluz.com.ar/nota_seleccionada.php?ndx=2650
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